José Antonio Marina y María de la Válgoma. La magia de escribir. Capítulo 1, La teoría. Primera edición de Bolsillo. Barcelona España. 2008.Consultado:11 de abril de 2020. 

RESEÑISTA: Jenny del Pilar Correales López. (Bogotá – Colombia 1983)

Abogada, Gestora del Talento Humano, estudiante de Filosofía de la Universidad de Antioquia, enamorada de las letras. Ganadora del segundo puesto del concurso de poesía departamental, en el marco de la Fiesta Unilibro organizada por la Corporación Universitaria Unisabaneta, publicada como invitada internacional en el libro “Soñé que escribía un poema” de la universidad de Tabasco, en México – 2018, columnista de El mundo como miembro del comité editorial “la Urna Abierta” del Instituto de Filosofía Universidad de Antioquia;

 Seleccionada en el año 2018 como parte de la publicación del libro del  XIX encuentro de poetas Comfenalco Antioquia, Actual miembro del taller literario de Itagüí “Letra Tinta”, seleccionada entre los 100 finalistas del concurso nacional de poesía: La palabra espejo sonoro, de La casa de poesía silva.

  La magia de escribir es un texto pedagógico. En la perspectiva de los autores enseñar el lenguaje es instruir en su uso; a través del cual las personas puedan articular bien el pensamiento, adoptando posturas críticas frente a sus realidades y aporten expandiendo sus posibilidades creadoras. 

    El libro es un elogio a la creación lingüística, como el arte de hacer que algo que no existía empiece a existir. En su capítulo 1, introduce al lector en los orígenes de la expresión exteriorizada, tomando como punto de partida la magia de hablar como forma de expresión que precede la escritura. Los autores son docentes escritores amantes a la escritura, la cual conciben mágicamente en su función creadora.

    En el primer apartado Del gesto a la palabra los autores plantean mediante comparación la diferencia entre los animales y el hombre, indicando como aquellos expresan mediante gestos y sonidos sus emociones y expresiones, mientras el hombre usa además la palabra, a través de la cual es capaz de expresar de manera productiva lo que sabe y lo que siente haciendo así explicito lo implícito.

     En la sección La inteligencia que comprende y la inteligencia que inventa realizan una diferenciación entre estas, asociando a la primera al ejercicio de leer como un accionar pasivo, mientras la escritura exige una posición activa, no obstante, la primera es el trampolín del genio de escribir o de la palabra dicha (el discurso o capacidad discursiva como transmisora de experiencias); aduciendo que la pasividad, la pereza, la inarticulación de la experiencia, es un fracaso de la inteligencia; lo cual es ejemplificado a través del siguiente apartado de Francisco Umbral: “Han venido a mi casa dos palomas de barro. Tienen el color gris de los viajes. Están tomando posesión del mundo. Se acercan a la fuente como a una gran pagoda. Y mi jardín se ensancha cuando vuelan.” Se toma posesión del mundo a través del lenguaje, no se desacredita la pasividad en tanto es parte de la lectura, empero invitan a una pedagogía de la actividad en la que se eliminan los incordios que impiden la proactividad lingüística. 

    Cuando los autores contrastan la palabra con otras formas de expresión; hacen una apología a esta como herramienta por excelencia de la inteligencia, además de la capacidad de convivir efectivamente con otros. Con La expresión lingüística como competencia, se apresuran en la búsqueda de las demandas que le serian inherentes desde una mirada pedagógica; con el objeto de hacer una crítica a los métodos utilizados para impartir cátedras de lenguaje en los que hacen de su enseñanza- aprendizaje,  una práctica operativa, basada en la gramática y sintáctica sin más; es imperativo emprender y motivar el lenguaje como elemento innovador; tal como el escritor Raymond Queneau, quién favorece la escritura creativa.

 En Cartografía de la expresión se referencia la expresión como cualidad necesaria para la creación, ya sea escrita u oral, pues cuenta con una división importante en tanto se evalúen las partes que participan, es decir el medio utilizado, o el destinatario o los objetivos con que se crea.  La función de la cual derivan las posibilidades creadoras en general -el pensamiento- desde una perspectiva activa, de verbo, -pensar- no hay actividad creadora sin pensamiento suficiente, solo círculos viciosos del logos o razón; haciendo salvedad en la intrínseca amistad que debe cursar entre la actividad escritural y el pensamiento formal y organizado: (pensamiento que informa, convence, ordena, conmueve y pregunta), para cerrar con La palabra y sus usos lúdicos el juego, es decir combinados el pensamiento formal y el juego, nace el ingenio lingüístico

  Es una invitación a interiorizar en una perspectiva innovadora de la escritura, con una argumentación amena, clara y creíble, que además se vale de un recorrido literario exquisito, que retoma autores de alta talla y reconocimiento de las diferentes tendencias literarias existentes. 

  Más allá de una lectura rápida o casual, este libro debería llevarse en el bolsillo y enseñarse en cualquier curso introductorio, no solo de escritura de sino de cualquiera área de conocimiento que pretenda abordarse en tanto que logra un complemento integral para inducir agradablemente a la lectura y más a la escritura.

Así que ánimo amigos, nos quedan varios días de cuarentena.